Aprender música a partir de los 40
- Alfredo Carlavilla

- 16 nov 2025
- 6 Min. de lectura
Actualizado: 18 nov 2025

Durante mis más de 30 años como profesor de saxofón en diferentes escuelas de música como Hermanas Esquinas de Ocaña (Toledo), Escuela Municipal Joaquín Maya de Pamplona (Navarra) y actualmente en la Escuela Municipal Maestro Gombau de Getafe (Madrid) siendo también director del ensemble de saxofones y de su banda de música. He podido observar una realidad que cada vez me emociona más: la música es una puerta que nunca deja de abrirse, incluso –o especialmente– a partir de los 40 años. Y es que, aunque muchas personas creen que estudiar un instrumento es algo que debe hacerse de niño, la experiencia me demuestra que la madurez es una etapa extraordinaria para descubrir (o redescubrir) la música.
De hecho, algunos de mis alumnos más constantes, más entusiastas y más felices con sus progresos son aquellos que empezaron su aventura musical después de cumplir 40, 50 o incluso 70 años. Y hoy quiero reflexionar sobre esto, compartir lo que veo cada día en la escuela y reivindicar algo que considero fundamental: las escuelas de música deben tener espacio para todas las edades, porque la música no entiende de fechas de nacimiento.
La música como un despertar a los 40
Llegar a los 40 suele ser un punto de inflexión. Muchos sienten que es momento de retomar aquello que dejaron pendiente, de dedicar tiempo a uno mismo y de abrir nuevos horizontes personales. Es una etapa en la que se valora más el bienestar, la calma mental y la realización personal. Y ahí, la música brilla con luz propia.
He visto a personas que llegan tímidamente a la escuela diciendo “no sé si ya estaré demasiado mayor para esto”. Y pocas semanas después, esa misma persona entra con su saxofón a la espalda, orgullosa de haber sacado sus primeras notas y encantada de contarme cómo en casa practican media hora diaria “porque ahora es mi momento”.
La música tiene una capacidad extraordinaria para reconectar con la ilusión, para devolver esa sensación de aventura que a veces se pierde con las rutinas de la vida adulta. Y cuando un alumno adulto se sienta en la clase, coge el saxofón y empieza a construir sonido, veo en su expresión algo parecido a redescubrirse: una mezcla de reto, diversión, superación y alegría.
Beneficios terapéuticos de aprender música en la madurez
Si hay algo que he comprobado una y otra vez es que la música es una terapia en sí misma. No solo es una actividad placentera, sino también una herramienta de bienestar emocional y cognitivo. Y esto se hace especialmente evidente entre mis alumnos de 40 en adelante.
1. Mejora la salud mental
Tocar un instrumento reduce el estrés, favorece el equilibrio emocional y ayuda a desconectar de las preocupaciones. Muchos de mis alumnos me cuentan que su clase semanal o el tiempo de ensayo con el ensemble o la banda de música es su “válvula de escape”, ese momento en el que la mente se centra en algo positivo, creativo y libre.
2. Estimula la memoria y la concentración
Aprender posiciones, lecturas, coordinación y nuevas melodías mantiene el cerebro activo. La música es un entrenamiento cognitivo completísimo, especialmente beneficioso para personas en edades avanzadas que quieren mantener su mente despierta.
3. Refuerza la autoestima y la sensación de logro
No hay nada comparable a ver a un alumno adulto emocionarse cuando consigue tocar su primera canción completa. La música ofrece pequeños éxitos constantes que refuerzan la autoimagen y la motivación.
4. Favorece la socialización
A partir de cierta edad, no siempre es fácil encontrar espacios para conocer gente nueva o compartir aficiones. Las agrupaciones musicales son lugares de encuentro, convivencia y amistad. He visto cómo alumnos que no se conocían de nada acaban celebrando cumpleaños juntos o tomando un café después del ensayo.
Y que no me quiten el café de las 11:30 junto con mis alumnos adultos y jubilados de la mañana, en donde a veces nos hemos juntado hasta nueve alumnos aunque no tuvieran clase, solamente para tomarnos ese café y contarnos anécdotas, episodios musicales y pasarnos unas risas…en estos momentos es donde dejo de ser profesor y paso a ser amigo de mis alumnos e intento ayudarles en todo lo que puedo, porque con estas edades aprecian muchísimo la persona del profesor, algo que me llena de satisfacción y me da fuerzas para nuevos proyectos.
5. Mejora la coordinación y la respiración
Especialmente en instrumentos como el saxofón, donde la respiración es fundamental, la práctica regular contribuye a mejorar la capacidad pulmonar y a reforzar la musculatura implicada en el soplo.
La increíble evolución: tocar en agrupaciones al poco tiempo
Uno de los aspectos más bonitos de las escuelas de música es que muchos alumnos no necesitan años y años para empezar a formar parte de alguna agrupación. Y esto, además, tiene un efecto terapéutico impresionante.
A menudo, después de unos meses de clases, los alumnos adultos ya tienen la confianza suficiente para integrarse en el ensemble de saxofones o en la banda de música. La primera vez suelen llegar con cierta inseguridad, pero basta una tarde de ensayo para que se sientan parte de algo más grande.
Y ahí ocurre algo maravilloso: la música deja de ser solo un aprendizaje individual y pasa a ser un proyecto compartido.
En el ensemble, donde conviven alumnos jóvenes con otros de más de 60 años, se crea un ambiente de apoyo mutuo que pocas actividades pueden igualar. Ver cómo un alumno de 70 años (e incluso mi alumno más longevo, el señor Luis García con sus 80 años al que todos queremos tanto) toca junto a otro de 14, ambos disfrutando del mismo repertorio, es una imagen que resume el poder de la música para unir generaciones.
En la banda de música, muchos alumnos de edad avanzada experimentan una transformación completa: pasan de ser principiantes tímidos a músicos comprometidos que esperan con ilusión el ensayo semanal. Más de uno me dice: “El día que hay ensayo me cambia la semana”.
La música como terapia en la tercera edad
Si aprender música a los 40 es una maravilla, hacerlo a partir de los 60 o 70 es casi un regalo para la salud física y emocional.
He tenido alumnos de tercera edad que empezaron desde cero sin haber tocado un instrumento en su vida. Y hoy no solo tocan, sino que participan en conciertos, ensayos y actividades con una energía envidiable.
En ellos observo beneficios especialmente fuertes:
• Prevención del deterioro cognitivo.
El aprendizaje musical activa áreas del cerebro que ayudan a mantener la mente joven.
• Rutinas saludables.
Tener una actividad regular, como la clase semanal o el ensayo, estructura la semana y da un propósito que aporta alegría y motivación.
• Ejercicio emocional.
La música despierta emociones, recuerdos, ilusión… genera bienestar profundo.
• Conexión social.
Muchos encuentran en la banda o en el ensemble una pequeña familia.
“Estoy deseando que llegue mi clase semanal”
Si hay una frase que escucho continuamente de parte de mis alumnos adultos es esta. Y cada vez que la oigo siento que estamos haciendo algo muy importante.
La música no es solo una actividad cultural; es un espacio de crecimiento personal, de apoyo emocional y de construcción de comunidad. Y para muchos adultos, especialmente aquellos que no habían encontrado un hobby que realmente les llenara, las clases de música se convierten en su momento favorito de la semana.
La importancia de que las escuelas de música abran sus puertas a todas las edades
Es esencial que las escuelas de música entiendan que su labor no es solo formar a niños y jóvenes que quizá vayan a ser músicos profesionales, en realidad un pequeño porcentaje continúa los estudios profesionales. Las escuelas son, ante todo, servicios culturales y educativos para toda la comunidad.
Y la comunidad está formada por personas de todas las edades.
En la escuela de música lo vemos cada día: alumnos de 8 a 80 años compartiendo pasillos, instrumentos, partituras y conversaciones. Y es algo que deberíamos proteger y potenciar.
Las escuelas de música necesitan:
Horarios adaptados a adultos.
Agrupaciones abiertas a todos los niveles y edades.
Profesores sensibles al ritmo de aprendizaje de cada etapa.
Un ambiente acogedor donde nadie sienta que llega tarde.
Porque la música no es cuestión de edad, sino de ganas.
Conclusión: Nunca es tarde para empezar
Aprender música a partir de los 40 no solo es posible, sino profundamente enriquecedor. Es una oportunidad para crecer, disfrutar, desconectar, conocer gente nueva y sentirse vivo. Es descubrir una parte de uno mismo que tal vez llevaba demasiado tiempo dormida.
Como profesor de escuelas de música, no puedo más que animar a cualquier persona que lo esté pensando:
Si tienes ganas, este es el momento.
La música te está esperando.
Y nunca es tarde para empezar.










No puedo estar más de acuerdo con este post. Consideraba la música mi asignatura pendiente hasta hace poco más de un año, cuando después de 3 intentos conseguí entrar en la escuela de música Maestro Gombau, en Getafe, donde ya mis hijos llevaban varios años estudiando, porque darles esa oportunidad desde pequeñitos nos pareció siempre muy importante.
Y no me siento la madre frustrada que quiere reflejar en sus cachorros lo que ella no pudo alcanzar hace muchos años, simplemente pienso y siento que la música es fundamental en la vida de una persona y que a través de ella descubres un mundo más amplio, bello y con un gran potencial.
Y mi oportunidad como digo llegó el año pasado…